03 abril 2011
Con otro nombre
03 noviembre 2010
CAPERUCITA FUE LA CULPABLE
"¿Fue el Lobo Feroz el culpable o lo fue Caperucita?"
Efectivamente la narración de Perrault se presta a muy diversas interpretaciones. No obstante, hay puntos de acuerdo que son indiscutibles y que pasamos a enumerar:
-Caperucita sabía perfectamente que podía encontrarse con el Lobo Feroz.
-Caperucita no era ajena al hambre del Lobo.
-Si Caperucita hubiera ofrecido al Lobo la cesta de la merienda de su abuelita, muy probablemente no habría ocurrido lo que ocurrió.
-El Lobo no ataca inmediatamente a Caperucita sino que al contrario, conversa con ella.
-Es Caperucita quien da pistas al Lobo y le señala el camino de la casa de la abuelita.
-La abuelita es idiota al confundir a su nieta con el Lobo.
-Cuando Caperucita llega y el Lobo esta en la cama con la ropa de la abuelita, Caperucita no se alarma.
-El hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita, demuestra que la niña iba poquísimo a ver a su abuelita.
-El Lobo con esas preguntas tan tontas y directas quiere alertar a Caperucita.
-Cuando el Lobo, que ya no sabe que hacer, se come a Caperucita, es porque ya no le quedaba otra solución.
-¿Es posible que antes de ello, en el bosque o en la cama, Caperucita tuviera relaciones con el Lobo?
Por lo tanto Caperucita y no el Lobo Feroz,es la que provoca los instintos naturales de la pobre fiera. Primero los sexuales y posteriormente los depredadores.
Tambien la madre de Caperucita tuvo mucha culpa al no acompañar a su hija.
Estos puntos son, en principio, claros y concisos. Los que se empeñan en desprestigiar al Lobo Feroz no se han parado a pensar en la posible manipulación que se ha hecho de su figura, su actividad y su reacción ante una provocadora profesional como parece ser Caperucita.
16 abril 2010
UNA NOCHE INOLVIDABLE
(Rescatado de mi primer blog, en el Live.)
Llegaste sin que te viera, y cuando me dí cuenta de tu presencia, ya estabas junto a mi oído, y en un susurro apasionado me dijiste que esta noche sería inolvidable. Yo, entre asustada y sorprendida, con una mueca de asombro, grité en voz baja para no despertar a nadie “¡No puede ser!”.
Desde que supe de tu presencia, sabía que probablemente vería el amanecer, sabía que prácticamente no dormiría, y lo confirmé, cuando en un gesto rápido te rozaste contra mí y conseguiste que me sobresaltara. Era como si tuvieras un plan, que no me olvidara de tí en mucho, mucho tiempo. Otra vez más te acercabas y yo, con el temor a enloquecer si me tocabas una vez más, me alejaba casi en un acto reflejo. Sin embargo, tú rebosabas convicción e insistiendo una vez más conseguiste rozarme y que sintiera escalofríos como si fuera la primera vez.
Sabías de mi incontrolable locura y te abalanzaste sobre mí, me mordías sin mesura con tus labios hambrientos y me succionabas prácticamente el alma, apenas si te podía sujetar, presa de mi desesperación, pero en un descuido te agarré y mi mano firme contra la pared pudo sujetar tu cuerpo ardiente y pude sentir, al apretarte sin control, como mi sangre salía de tu cuerpo.
Fue entonces cuando comprendí que no te olvidaría en mucho tiempo, pues una pequeña mancha en la pared me recuerda a ti, ¡MOSQUITO DE MIERDA!










